Abel González Santamaría*
En los últimos días el gobierno de Estados Unidos ha incrementado las agresiones contra Cuba, que van desde la aprobación de una orden ejecutiva para imponer aranceles a países que soberanamente comercien petróleo con nuestro país, hasta declaraciones amenazantes del presidente Donald Trump de que la isla “volverá a ser libre”. Sobre esa supuesta “libertad” en el pasado, fue abordado en la II parte del artículo, que analizó precisamente el sistema neocolonial que Estados Unidos mantuvo durante seis décadas en la Mayor de las Antillas.
Las turbulentas décadas de 1960, 70 y 80
La victoria revolucionaria en 1959 constituyó para Estados Unidos una de las más humillantes derrotas políticas en su existencia como potencia imperialista, lo que determinó que el conflicto entre ambas naciones entrara en una nueva y más aguda etapa de confrontación. Desde entonces, los siete presidentes que gobernaron en Estados Unidos hasta finales de los 80, Dwight Eisenhower (1953-1961), John F. Kennedy (1961-1963), Lyndon B. Johnson (1963-1969), Richard Nixon (1969-1974), Gerard Ford (1974-1977), James Carter (1977-1981) y Ronald Reagan (1981-1989), aplicaron una política de hostilidad y agresiones, aunque hubo algunos que tuvieron una posición de acercamiento en determinado periodo.
La administración de Eisenhower, aprobó programas de acciones encubiertas presentado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) dirigido a derrocar la Revolución Cubana y dispuso de presupuestos millonarios, que incluyeron planes de atentados contra el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Además, aprobó un plan de presiones económicas, que en esencia se resume en un memorándum secreto del subsecretario asistente de Estado, Lester Mallory, del 6 de abril de 1960, que tiene total vigencia:
“El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al gobierno] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria […]. Se deben emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […]. Una medida que podría tener un fuerte impacto sería negar todo financiamiento o envío a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
En enero de 1961, cuando apenas faltaban dos semanas para que se produjera el cambio presidencial en Estados Unidos, el gobierno de Eisenhower decidió romper las relaciones diplomáticas y consulares con Cuba. Su sucesor Kennedy, heredó el plan para atacar militarmente al país y aprobó la invasión mercenaria por Playa Girón y Playa Larga. El contingente invasor, integrado por más de 1 500 hombres, fue escoltado por fuerzas navales y aéreas de Estados Unidos. En menos de 72 horas fueron derrotados.
Posteriormente incrementaron el cerco económico. El 4 de septiembre de 1961, el Congreso norteamericano adoptó la Ley de Ayuda Externa que prohibió todo tipo de asistencia al Gobierno de Cuba y autorizó al presidente imponer “un embargo comercial a la Isla”. El 3 de febrero de 1962, mediante la orden ejecutiva 3447, el presidente Kennedy decretó “un embargo total” sobre Cuba que incluía medicinas y productos alimentarios.
Pero la opción de intervención militar a Cuba estuvo latente. Durante el periodo de la Crisis de Octubre en 1962, las fuerzas armadas de Estados Unidos elaboraron un plan para ocupar militarmente el país y establecer un gobierno temporal encabezado por un “comandante y gobernador militar” estadounidense. Finalmente, no lo ejecutaron a partir de acuerdo que adoptaron con la Unión Soviética, pero la amenaza continuó. Fue uno de los acontecimientos más graves del período de la Guerra Fría, que puso al mundo al borde de la conflagración nuclear.
Posteriormente el gobierno de Kennedy reajustó su política agresiva e intentó explorar un acercamiento hacia el gobierno cubano. Apenas se dieron los primeros pasos cuando en noviembre de 1963, el presidente Kennedy fue asesinado. Al sustituirlo su vicepresidente Johnson, dio un giro hacia la derecha y radicalizó la posición hacia Cuba.
Esa postura la mantuvo Nixon al llegar a la Casa Blanca. No obstante, en su segundo mandato comenzó a moverse dentro de influyentes sectores estadounidenses, la idea de una revisión de la política hacia Cuba. En ese contexto se desarrollaron las conversaciones entre ambos países para frenar los secuestros de naves aéreas hacia Cuba. Después de varios meses de negociación, en 1973 los dos países firmaron por intermedio de la embajada suiza en La Habana un “Memorándum de Entendimiento sobre secuestros aéreos y marítimos y otras ofensas”.
Luego de la renuncia de Nixon, asumió la Casa Blanca el vicepresidente Ford, quien mantuvo la política de “tendido de puentes”, instrumentada por Washington desde la década anterior hacia los países socialistas. En 1975 el presidente Ford autorizó que se iniciaran las conversaciones confidenciales con Cuba en interés de avanzar hacia la mejoría de las relaciones bilaterales. Durante los intercambios los representantes estadounidenses utilizaron el levantamiento del bloqueo contra la Isla como mecanismo de presión para extraer concesiones al país, lo que no fue aceptado por parte de Cuba.
El presidente Carter retomó la política de acercamiento hacia la isla y emitió en 1977 con carácter secreto la Directiva Presidencial/NSC-6, con el objetivo de iniciar un proceso hacia la normalización de relaciones con Cuba. Como resultado de conversaciones entre ambos países se firmaron los acuerdos pesqueros y de límites marítimos, se establecieron las Secciones de Intereses en Washington y La Habana, se levantaron las restricciones de viaje a Cuba a los ciudadanos estadounidenses y se realizaron intercambios deportivos, académicos y culturales.
Con la llegada a la Casa Blanca del presidente Reagan, los neoconservadores impusieron su agenda extremista en la política exterior y de seguridad nacional. En 1982 incluyeron a Cuba en la unilateral lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional y un año después, Reagan firmó la Directiva de Seguridad Nacional No. 77, más conocida como “Proyecto Democracia”, que definió como una de sus prioridades “desarrollar presiones públicas contra Cuba” y delineó la estrategia de desgaste de la Revolución con procesos de fabricación de una “oposición” interna y creación de organizaciones contrarrevolucionarias en Estados Unidos, asignándoles millonarios recursos financieros. No obstante, en su segundo mandato se acercó a Cuba para intercambiar sobre temas migratorios, realizándose cuatro rondas de conversaciones entre ambos países, que dieron como resultado la normalización de los procedimientos migratorios.
Las complejas décadas de 1990, 2000 y 2010
Desde inicios de los 90 y hasta casi finalizando la década de 2010, cuatro presidentes asumieron la Casa Blanca: George H. Bush (1989-1993), William Clinton (1993-2001), George W. Bush (2001-2009) y Barack Obama (2009-2017). Todos aplicaron una política de hostilidad y agresiones contra Cuba, aunque también hubo algunos que tuvieron una posición de acercamiento en determinado periodo.
El presidente H. Bush mantuvo una línea dura contra el país, con la convicción de que la Revolución Cubana caería como una ficha más de dominó a partir del derrumbe del campo socialista. Con ese fin aprobó en 1992 el “Acta por la Democracia en Cuba”, conocida como la Ley Torricelli, dirigida a cercenar el comercio de medicinas y alimentos cubanos con las subsidiarias de compañías estadounidenses con base en terceros países.
Hacia la isla, Clinton mantuvo la misma política que su sucesor, aunque en su primer mandato se apreció una flexibilización del enfoque, al apostar por la implementación del Carril 2 de la Ley Torricelli. En correspondencia anunció un grupo de medidas para facilitar el intercambio entre la sociedad civil de ambos países, entre ellas la de permitir viajes de académicos, figuras culturales y educadores entre ambos países.
En su segundo mandato Clinton retomó la confrontación con Cuba y firmó en 1996 la llamada “Ley de la libertad cubana y solidaridad democrática”, más conocida como “Ley Helms-Burton”. Se estableció que empresas no estadounidenses podían ser sometidas a represalias legales y sus representantes impedidos de entrar a Estados Unidos si comerciaban con Cuba. También la sección 109 de la Ley definió como objetivo explícito promover un cambio en el sistema político, económico y social de Cuba, que persiste hasta la actualidad.
Al asumir la presidencia W. Bush, retornaron a puestos claves en el poder ejecutivo los llamados neoconservadores y se incrementó la hostilidad contra la nación. El mandatario estadounidense anunció en 2003 la creación de la llamada “Comisión presidencial para la Asistencia a una Cuba Libre” o más conocido como Plan Bush, dirigido a fortalecer el bloqueo, la subversión y la política de agresiones con el objetivo primordial de lograr un “cambio de régimen” en el país.
Ese objetivo lo mantuvo el presidente Obama, aunque se apreció un cambio de táctica y de enfoque hacia Cuba. Durante el primer mandato priorizó el pretendido “cambio de régimen” y recrudeció el bloqueo económico, principalmente en su dimensión extraterritorial. Poco después de su reelección en 2012, dio un giro hacia el acercamiento, al reconocer al gobierno cubano como un interlocutor legítimo, que derivó en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, reapertura de las embajadas, la exclusión de Cuba de la unilateral lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional. y la voluntad de avanzar hacia la normalización de las relaciones bilaterales.
El gobierno de Obama aprobó cinco paquetes de medidas para modificar algunos aspectos en la implementación del bloqueo, que constituyeron pasos positivos que permitieron concertar los primeros acuerdos comerciales en más de cinco décadas. Se crearon espacios de diálogo y de cooperación, que produjo beneficios para ambos pueblos. Se lograron firmar 22 instrumentos bilaterales que abarcaron áreas como salud, agricultura, protección del medio ambiente y aplicación de la ley.
A menos de un mes de las elecciones presidenciales para elegir un nuevo inquilino en la Casa Blanca, el presidente Obama publicó en 2016, la Directiva Presidencial de Política/PPD-43, titulada “Normalización entre Estados Unidos y Cuba”. Aunque mantuvo las proyecciones injerencistas solapadas en los asuntos internos, constituyó una hoja de ruta para los próximos gobiernos estadounidenses que decidieran normalizar las relaciones con la Isla en condiciones de igualdad y respeto mutuo.
Se cumplía así la posición asumida desde 1959 por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz y reiterada por el entonces Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz, cuando Obama comenzaba su mandato en 2008:
“Nuestra política está definida: el día que quiera discutir, discutimos, en igualdad de condiciones, como ya he dicho, sin la más mínima sombra a nuestra soberanía y de igual a igual (…) ya lo dijimos y lo dijo Fidel también desde hace años: no discutimos con garrote y zanahoria, ya eso pasó, ya eso era otra etapa”.
(Continuará)